lunes, 25 de agosto de 2025

El Mayo, Estados Unidos y el teatro de la justicia

 

El Mayo, Estados Unidos y el teatro de la justicia

La declaración de culpabilidad de Ismael “El Mayo” Zambada no es una simple resolución judicial; es una puesta en escena en la que Estados Unidos interpreta el papel de héroe justiciero mientras México queda relegado al de espectador impotente. Que uno de los capos más antiguos y escurridizos del narco sea condenado en cortes estadounidenses resulta benéfico para la política interna norteamericana: calma a una sociedad desgastada por la crisis del fentanilo y le ofrece la ilusión de que el monstruo tiene rostro y que ese rostro, al fin, ha sido atrapado.

Pero lo más interesante no es la condena en sí, sino lo que se evita. Un juicio abierto contra el Mayo habría sido una caja de Pandora. Ahí podrían haberse ventilado las complicidades de décadas entre el Cártel de Sinaloa y agentes de inteligencia, policías y políticos de ambos lados de la frontera. Declararlo culpable de inmediato significa cerrar la boca antes de que hable. En esa decisión late la conveniencia de administrar la verdad, porque revelar demasiado pondría en evidencia que la frontera entre Estado y crimen es más porosa de lo que conviene admitir.

Para México, la historia es más amarga. Una vez más la justicia viene de fuera, y el país queda pintado como territorio incapaz de juzgar a sus propios monstruos. El arresto, la extradición y la condena se convierten en parte de la narrativa estadounidense de “misión cumplida”, mientras México aparece como un Estado que solo colabora, nunca lidera. Lo más grave es que esta dinámica debilita nuestra soberanía: si los capos de verdad solo caen cuando los juzga Washington, entonces ¿qué papel juega la justicia mexicana?

La condena, sin embargo, no extingue el poder del narco; lo reacomoda. La ausencia del Mayo abre espacio para que las facciones internas se fortalezcan, especialmente los hijos de Guzmán Loera. La violencia se reordena, no desaparece. Y mientras eso ocurre en las calles, los gobiernos negocian la narrativa: para Estados Unidos, el Mayo es un trofeo; para México, una prueba de cooperación. Ambos se cuelgan la medalla, aunque la guerra continúe sucia, interminable, y sin final a la vista.

Lo inquietante es que este tipo de pactos —porque al final toda declaración de culpabilidad es un pacto tácito— muestran que el narco no se combate de frente, se administra. No se busca erradicarlo, sino controlarlo, mantener un orden mínimo que garantice que las rutas de droga sigan funcionando sin que el caos devore por completo a los mercados y a los gobiernos.

México, por tanto, puede esperar más presión internacional. La condena del Mayo se usará como carta para exigir más cooperación, más reformas, más vigilancia compartida. Y en el terreno político, la figura del narco seguirá siendo combustible electoral: los discursos de mano dura, las promesas de coordinación con Estados Unidos, las campañas pintadas con sangre y miedo.

La historia del Mayo es un recordatorio incómodo: la justicia no siempre significa verdad ni reparación. A veces es solo un teatro cuidadosamente armado donde el público aplaude lo que quiere creer. Y en este teatro, Estados Unidos escribe el guion y México apenas improvisa en el escenario.

jueves, 29 de octubre de 2009

Homenaje a Peter

Excelente banda y magnífica pieza. Tan sólo recordando mis tiempos felices de gótica. (Por muy contradictorio que parezca pero era muy muy feliz) Y el Murphie se la rifaba sin ser  fresoide como en su albúm "Deep" ufff

domingo, 23 de agosto de 2009

Lipovetsky busca un capitalismo civilizado

ULIO AGUILAR 
EL UNIVERSAL 
DOMINGO 23 DE AGOSTO DE 2009 
CULTURA@ELUNIVERSAL.COM.MX 

Lipovetsky también habla con las manos. Como si buscara atrapar las palabras exactas en el aire, manotea y gesticula en una mímica de orador consumado. De pronto, a poco de iniciar la conversación, la grabadora se detiene, la entrevista se interrumpe y el teórico del hiperconsumo se queda congelado. El bochornoso imponderable se soluciona en dos minutos y el filósofo francés se lleva las manos a la frente, en busca del hilo cortado de la reflexión. Enrojece. Su gesto siempre afable se vuelve duro, parece que va a enfurecer, pero los ojos claros se iluminan y continúa la reflexión.

Gilles Lipovetsky (París, 1944), está en México ofreciendo conferencias invitado por la Universidad Panamericana en las que explica a los estudiantes y académicos algunas de las ideas planteadas en sus libros, como los muy conocidos El imperio de lo efímero, La tercera mujer: permanencia y revolución de lo femenino o La era del vacío: Ensayo sobre el individualismo contemporáneo.

 

Atajándose el sol bajo un alto pino de Mixcoac, Lipovetsky explica su escepticismo sobre un inminente fin del capitalismo y habla de México, un país que -dice- debe aportar más que folclore al mundo.

 

—Escribió que el capitalismo consumista llevaría a la sociedad a la felicidad, pero vemos que la ha llevado casi a la quiebra. ¿El panorama actual ha modificado su visión de las cosas?

—Hay muchas lecturas posibles sobre lo que está pasando. Estamos en una situación provocada por una falta de regulación. Podemos denunciar los excesos del capitalismo pero creo que el capitalismo aún es un modelo legítimo. No debemos perder de vista que la globalización permite a cientos tener acceso a una mayor comodidad y calidad de vida, por eso el capitalismo continúa siendo el único modelo económico legítimo, pero legítimo no quiere decir que sea perfecto: hay mucho desempleo, desigualdades extremas, remuneraciones económicas aberrantes para los operadores financieros, en consecuencia creo que la tarea del siglo XXI es intentar civilizar un poco el capitalismo. Los marxistas piensan que esto no es posible, pero no vamos a hacer una economía como la de Chávez o como la de Cuba.

 

—No hace mucho el presidente Sarkozy habló de la necesidad de refundar el capitalismo, ¿será posible?

—Esperamos que así sea, lo deseamos pero en los últimos días hemos observado que realmente las cosas no van en este sentido. Es necesario tener regulaciones más precisas, en particular en la esfera financiera. Ahí está el fundamento de lo que se debe hacer. Pero sorprende ver que la crisis no vaya acompañada de nuevos modelos. Se habla de refundación, pero realmente el capitalismo permanece tal cual. No estoy obsesionado por el control, pero el papel actual del Estado no es suficiente, por esto estamos viviendo en lo que llamo la hipermodernidad, es decir, en un ámbito de lógicas extremas. Hay un exceso y es necesario que meditemos sobre lo que ya nos habían indicado los griegos: los excesos son lo contrario de la virtud y la virtud es el justo medio, el equilibrio. La ola del hiperliberalismo debería calmarse a través de un rol más activo del Estado.

 

 

 

La economía “verde”

 

—A países emergentes les piden moderar la emisión de bióxido de carbono aunque los que más han contaminado son los países ricos. ¿Le parece moralmente aceptable?

—Sobre el calentamiento global el imperativo es universal porque afecta a la humanidad y el futuro del planeta, pero es evidente que los más grandes contaminadores son los países ricos. Lo inmoral es que el que más contamina y quienes desataron la crisis no den el buen ejemplo.

 

—El movimiento ecologista ha tomado gran fuerza y las empresas aprovechan el interés de combatir la contaminación fomentando un consumismo “verde”, al fin consumismo.

—Sí, claro, en primer lugar porque podemos concebir que una economía verde es una gran fuente de ganancias. Vamos a desarrollar nuevas energías: la solar, la del viento, la marina; energías que se pueden renovar y que son un mercado para producir y para vender, en consecuencia para ganar dinero, es una gran oportunidad para el siglo XXI, habrá grandes innovaciones que darán dinamismo a la economía mundial. En segundo lugar, hay una sensibilidad muy grande de los consumidores, se sienten responsables de lo que está pasando y vemos que también hay un mercado que respeta el medio ambiente, hay marcas ecológicas pero siguen siendo marcas y tienen objetivos mercadológicos, entonces creo que la ecología es perfectamente compatible con el capitalismo.

 

—¿Esa flexibilidad y adaptabilidad del capitalismo le callan la boca a quienes anuncian su muerte por la crisis?

—Recuerdo cuando era estudiante en mayo del 68 en la Sorbona. Había grupos trotskistas que de manera científica desarrollaban la tesis de que los días del capitalismo estaban contados, que ya en uno o dos años iba a desaparecer. Retomaban el viejo refrán marxista que desde el siglo XIX anunciaba que el capitalismo estaba cerca del hundimiento; es una constante de la modernidad en la que el marxismo ha dado una visión apocalíptica de las contradicciones absolutas del capitalismo. Tal vez hay contradicciones absolutas, pero falta mucho para que las contradicciones absolutas lo destruyan. El capitalismo no ha parado de crear crisis desde el siglo XIX, la crisis es consustancial al capitalismo y en cada oportunidad ha demostrado ser lo suficientemente sensible para transformarse, así que habría que probar que hoy está completamente bloqueado y que ya no se puede hacer nada.

 

—La gran crisis anterior, la del 29, fue enfrentada por grandes líderes mundiales o incluso los produjo; en este sentido, ¿cómo ve el mundo?

—No los tenemos. Esta crisis no viene acompañada de nuevos modelos, de nuevos sistemas. Hay una falta de imaginación, como si la imaginación se hubiera descompuesto, somos un mundo en el que las grandes visiones ideológicas o políticas tienen menos consistencia. Ya no estamos en una era de la modernidad porque la modernidad tenía grandes sueños, grandes utopías, soluciones de cambio. Esperamos un capitalismo un poco menos loco pero, en efecto, somos una sociedad con pocas utopías y las utopías las encontramos ahora en la ciencia y en la tecnología. Ahora los únicos elementos utópicos son los derechos del hombre, pero solamente son un sistema de protección, es una utopía respecto a la persona pero es incomparable con aquellos sueños grandiosos que tenían los hombres del siglo XVIII y XIX. Ellos inventaron la paz perpetua, el socialismo, la sociedad sin clases, todo esto ya no tiene sentido, por eso tenemos que darnos cuenta de que la crisis actual reclama al Estado y a la educación, al desarrollo de la ciencia y de la política. En 2050 tendremos que nutrir a nueve mil millones de individuos, hacer grandes inversiones para formar la inteligencia humana. Nos dirigimos hacia sociedades donde la creatividad, los conceptos que nos darán la ciencia, la informática, la genética, abren universos que no podemos imaginar ahora. No vamos a resolver los problemas planetarios si no es a través de nuevos modelos de producción y de la capacidad de invención humana. No se vive solamente para producir riqueza, debemos vivir también para una armonía social y para ello el mercado tiene que crear trabajo pero también son necesarias las regulaciones que debe dar la política y la democracia, de lo contrario corremos el riesgo de tener sociedades con nuevas formas de violencia, un modelo a la brasileña donde hay barrios vigilados por todos lados, donde hay una especie de guerra de todos contra todos y en donde el miedo se vuelve la regla. Sin embargo hay otras sociedades dinámicas como en los países escandinavos, muy dinámicos, metidos a fondo en la globalización, que juegan el juego de la competencia, pero tienen menos desigualdades que otros países. No sabemos qué tipo de capitalismo va a desarrollarse, en consecuencia harán falta luchas, debates, tomas de conciencia, formación, combates para que el modelo menos malo sea el que gane. Ésa es la lucha de todos.

 

El folclore de México

 

—¿Usted que participó en el 68 de París cree que su generación hizo lo correcto al cambiar el modelo de educación?

—No. Hubo cosas buenas en la cultura del 68, por ejemplo la liberación de la mujer, más libertad en la sexualidad, pero también hubo excesos que estamos pagando muy caro, sobre todo en materia pedagógica en la escuela. El modelo antiguo de educación ya es inaceptable porque es tradicionalista y autoritario, pero el modelo que nació en el 68 tampoco es muy bueno porque produce individuos desestructurados y en el que las personalidades se han vuelto muy frágiles. Por todos lados hay depresión, ansiedad, suicidios… los individuos son frágiles, ya no tienen una estructura que los sostenga. El hedonismo, la felicidad, el placer extremo están bien para la publicidad, pero no para la vida.

La sociedad de hiperconsumo ha ido demasiado lejos. Tenemos una sociedad en la que a veces hay la impresión de vivir para las marcas y para comprar productos sin parar. El consumo no es un vicio, pero llega un momento en que es demasiado. Debemos transmitir a los jóvenes la idea de que la vida se trata de producir, de producir justicia, de inventar, de crear en la cultura, en la ciencia, ése es el sentido de la vida no sólo comprar mercancías a la moda y consumir programas producidos en Hollywood. ¡Ése no es un ideal de vida! Tampoco es Auschwitz, pero no es un modelo. Debemos producir un nuevo modelo que pueda dar el sentido de responsabilidad a los jóvenes para pensar que el consumo es un medio, no un fin. Es necesario trabajar mucho para recrear un sentimiento de pasión en los jóvenes, para mostrar que la pasión no es sólo salir de vacaciones, comprar marcas conocidas. Esa es la gran misión que debe tener la escuela, volver a dar la pasión de crear, de inventar, de hacer cosas que te apasionen en la vida. No hay que satanizar al consumo, pero tampoco sacralizarlo.

 

—En el afán de alejarse del modelo colonial español y de crearse una identidad, a lo largo de la historia México ha recurrido a dos modelos, el francés y el estadunidense, ¿qué elementos positivos y negativos de éstos percibe en nuestra identidad actual?

—Creo que han recurrido más al modelo estadounidense. No soy hostil a hacer un modelo híbrido a partir de que los países tomen modelos. Creo que México debe tomar lo mejor de la modernidad, es decir, la ciencia, la técnica, los derechos del hombre, ésos son los grandes valores occidentales y creo que esto podrán casarlo con la sensibilidad que viene de otra historicidad. Ahora el desafío y los modelos son universales, este es el sentido de mi último libro. Hay cinco modelos: la tecnociencia, el mercado, el consumo, los medios de comunicación y los derechos del hombre. Éstos constituyen lo que llamo una cultura del mundo. Si las sociedades no saben apropiarse de estos elementos de la hipermodernidad para crear un mundo futuro, vamos a crear sociedades folclóricas. La vocación de México no son los mariachis. Todoscomprenden que no es el ideal de México, no está a la altura de lo que se espera de la aportación de un país. El modelo americano en sí mismo no es un modelo, lo que hay que tomar como modelo es el respeto a la persona. No debemos avergonzarnos de ser occidentales porque tenemos grandes cosas que aportar a la humanidad, como los principios universales, pero éstos deben estar combinados con las especificidades propias de la historia de cada país. México debe obtener una síntesis que sea muy propia y que al mismo tiempo pueda jugar un papel en la cultura mundial.

 











jueves, 2 de julio de 2009

Comfortably Numb

Sin duda este es para mi, justo como me siento en estos tiempos de penurias...

martes, 30 de junio de 2009

Stukas

Otra más de mis pasiones, el industrial. Esta banda es buenísima y el performance es excelente.


domingo, 28 de junio de 2009

Mozart una de mis pasiones

Esta es mi escena favorita en donde Amadeus dicta a Salieri el Requiem.

miércoles, 6 de mayo de 2009

1945




It was so long years ago
I have lost all my hopes at the war
All of my dreams are lost
In my heart and in my soul

In the island with the sunrise
The darkness has captured the light
All the children have slept forever
And flew to the heaven in the sky

can you feel the pain in my heart?
Can you give back my fallen stars?
All of my tears are still in my eyes
Can you heal my broken heart?